miércoles, 14 de febrero de 2018

Los Amores de Don Porfirio ( Parte 1)





Porfirio Díaz, a quien hoy en día muchos añoramos por como puso en orden este país, con maneras probablemente cuestionables pero efectivas, fue un hombre de muchos amores y dos matrimonios, ambos tal vez, a nuestro juicio como habitantes del siglo XXI….digamos peculiares.

Su primer matrimonio fue con Delfina Ortega Díaz, quien fue fruto de una relación extramarital entre su madre Victoria Manuela Josefa Díaz Mori, hermana de Porfirio y dedicada a la venta de rebozos, con el médico Manuel Antonio Ortega Reyes (1819-1908); botánico, naturalista y uno de los cartógrafos más importantes de Oaxaca, quien la reconoció como su hija muchos años después.

Así, Delfina no solo era sobrina de Porfirio, sino que había vivido en la misma casa que él desde que nació, eran casi hermanos, aunque él le llevaba 15 años de edad a ella.

Díaz se relacionó amorosamente con varias mujeres. La primera y la más conocida de sus aventuras amorosas fue la sostenida con Juana Catalina Romero, durante los años de la Guerra de Reforma.  Un relato popular cuenta que el tren de la ciudad atravesaba por la hacienda de Juana Catalina, y que el presidente saltaba del vagón para visitarla. Otra aventura que Díaz mantuvo fue con la soldadera e indígena juchiteca Rafaela Quiñones, durante toda la Guerra de Intervención.  A principios de 1867 nació una hija de esa relación a  la que llamaron Amada, la cual vivió con su padre hasta 1879 y se quedó en México tras la caída del gobierno porfirista. Amada fue la hija más querida de Porfirio y murió en 1962.​

Después de las guerras de intervención francesa, Porfirio Díaz pasó a Oaxaca a saludar a su madre y hermanas. Encontró a su sobrina Delfina ya como una jovencita, de bonita apariencia física, lo que probablemente sedujo a Porfirio, quien se enamoró de su querida sobrina, dando inicio con ello a una relación que culminaría en casamiento.

Los trece años que duró su matrimonio, Porfirio Díaz la quiso mucho. Ella se hizo cargo del cuidado y educación de sus propios hijos y también de Amada. Delfina y Porfirio tuvieron en total 7 hijos, pero solo sobrevivieron dos de ellos: Deodato Lucas Porfirio que vivió 73 años y Luz Laura Victoria, que vivió 90 años, hasta 1965.

La muerte de Defina en abril de 1880 fue un suceso seguramente muy triste, apenas contaba con 34 años; pero fue también un suceso político. Ella quería poner su vida (y su muerte) en orden, hablando en términos religiosos, ya que su matrimonio no había sido bajo el rito católico.

Porfirio solicitó al arzobispo Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos que celebrara el matrimonio católico. El arzobispo le exigió a cambio a Díaz su abjuración de haber secundado la Constitución de 1857 y donde asimismo declara su fe católica. El entonces presidente Porfirio Díaz redactó su retractación, misma que leyó el arzobispo, enviando al poco tiempo a uno de sus subordinados que ofició el matrimonio bajo las leyes eclesiásticas la noche del 7 de abril. Después de agonizar toda la noche, Delfina Ortega Reyes murió al día siguiente a las 9:30 de la mañana en su domicilio de la calle de la Moneda número 1, en la Ciudad de México.