Vincent Van Gogh y Salvador Dalí, ambos enormes artistas, cada uno con un estilo pictórico único y fácilmente reconocible y cuya obra ha trascendido a casi toda la humanidad; comparten un razgo que tal vez fue fundamental en su personalidad, anhelos y tristezas.
La infancia tanto de Vincent como de Salvador estuvo cada cual marcada por un hecho muy similar, que para los dos fue seguramente impactante en su visión de la vida, del universo y de sí mismos.
Por su lado Vincent Van Gogh que nació el 30 de marzo de 1853 y fue hijo de un austero y humilde pastor protestante neerlandés llamado Theodorus y de su mujer Anna Cornelia, recibió el mismo nombre que le habían puesto a un hermano suyo que nació muerto exactamente un año antes que él llegara al mundo. Cuatro años después nació su hermano Theo y ambos tuvieron cuatro hermanos más: Cornelius Vincent, Elisabetha Huberta, Anna Cornelia y Wilhelmina Jacoba.
De pequeño, Vincent visitaba todos los domingos la iglesia de Zundert, donde estaba enterrado su hermano y cuya lápida llevaba su mismo nombre. Así, Vincent llevó siempre el recuerdo de ese hermano suyo que no tuvo la oportunidad de vivir y tal vez la sensación de ser un mero sustituto y con ello una gran culpabilidad.
Sobre su infancia, Vincent van Gogh comentó en una carta a Theo: “Mi juventud fue triste, fría y estéril”.
Salvador Dalí nació el 11 de mayo de 1904 en la comarca catalana del Ampurdán, cerca de la frontera con Francia, siendo su padre Salvador Dalí í Cusí, abogado de clase media y notario, de carácter estricto suavizado por su mujer Felipa Domènech i Ferrés, quien alentaba los intereses artísticos del joven Salvador. El hermano mayor de Dalí, también fue llamado Salvador y había nacido el 12 de octubre de 1901 y bautizado como Salvador Galo Anselmo, pero había muerto el 1 de agosto de 1903 de un “catarro gastroenterítico infeccioso” nueve meses antes de nacer el Salvador Dalí que conocemos. Con cinco años, sus padres lo llevaron a la tumba de su hermano y le dijeron que él era su reencarnación. Esto, según sus biógrafos, marcó mucho a Dalí, que presentó una crisis de personalidad, al creer que él era la copia de su hermano muerto.
De su hermano, Dalí dijo: “… nos parecíamos como dos gotas de agua, pero dábamos reflejos diferentes… Mi hermano era probablemente una primera visión de mí mismo...”.
Más tarde escribiría en su autobiografía La Vida Secreta de Salvador Dalí (1942): "A los tres años quería ser cocinero. A los cinco quería ser Napoleón. Mi ambición no ha hecho más que crecer y ahora es la de llegar a ser Salvador Dalí y nada más. Por otra parte, esto es muy difícil, ya que, a medida que me acerco a Salvador Dalí, él se aleja de mí"

Tremendos errores que cometemos generación tras generación con los sucesores. Aunque esta, de ambos pintores, es de gran proporción. Muy buen y desconocido episodio en la vida de estos dos colosos de la Pintura contemporánea.
ResponderEliminarGracias por tu comentario Pico. Un abrazo
EliminarTal vez por la mortalidad infantil de aquella época, a muchos niños les tocó llevar el nombre de un hermano mayor ya muerto.
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